Llevo dos décadas solucionando problemas cotidianos en viviendas y locales. Mi especialidad es la fontanería, la electricidad y el mantenimiento, pero lo que más me diferencia es el cuidado por los acabados y los detalles. Trabajo solo, pero con la responsabilidad de un equipo completo.
No hago chapuzas ni improviso. Antes de tocar nada, escucho, reviso y explico lo que voy a hacer. Así, puedes estar tranquilo desde el minuto uno. Me gusta dejar todo tan limpio como lo encontré, o incluso mejor. Por eso, mis clientes repiten. Porque saben que cumplo con lo que prometo y no dejo nada a medias.
Más allá de reparar o instalar, mi misión es que vuelvas a llamarme porque confías. No me gusta marear ni usar tecnicismos. Te explico cada paso con palabras simples y cumplo los plazos acordados.
Cuando llamas, respondo yo. No hablas con centralitas ni terceros. Esto me permite conocerte mejor y ofrecerte un trato directo y rápido. Sé lo que necesitas desde la primera conversación.
Me fijo en cosas que otros pasarían por alto. Desde la alineación de una tapa de registro hasta la limpieza del rodapié al terminar. Porque cada detalle suma en un trabajo bien hecho.
Nunca dejo un trabajo a medias ni me desaparezco. Si te doy una hora, ahí estaré. Y si hay un problema después, respondo. Mi reputación se basa en cumplir siempre, sin excusas.
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